Search

Lo relevante de ser irrelevante: La Vicepresidencia de la República




La Vicepresidencia de la República es un cargo de elección popular altamente codiciado. Posee igual legitimidad y privilegios que el Presidente de la República, entendiendo que éste es el superior jerárquico administrativamente. Pero se deben plantear algunas preguntas para el debate: ¿Qué es lo importante del cargo? ¿Es realmente relevante?


Lo notable de la Vicepresidencia se puede abordar desde varias perspectivas. El autor Serrafero expone que la existencia de la Vicepresidencia se justifica desde situaciones y efectos como los siguientes: 1) un candidato a Vicepresidente puede equilibrar la fórmula electoral; 2) que sea un candidato débil para que no desafíe el poder; 3) que se nombrado por la relación personal que tiene con el Presidente; 4) la continuidad de un proyecto no pareciera estar asegurada; y 5) los conflictos entre Presidente y Vicepresidente pueden ser significativos.


De lo expuesto por Serrafero se destacan tres temas fundamentales: las características especiales por las que se elige a un Vicepresidente, la posible continuidad del proyecto político y las atribuciones y posibles conflictos que pueden darse entre los dos funcionarios de más alto rango del Ejecutivo.


En relación a las características especiales, es necesario señalar que, casi siempre, el candidato a Presidente elegirá a un compañero o compañera de fórmula que no le signifique una amenaza a la autoridad que este representa, pero al mismo tiempo debe ser alguien que equilibre la imagen del proyecto político con el objetivo de captar una mayor cantidad de votos. Quiere decir que, desde la selección del Vicepresidente, la intención no tiende hacia una persona adecuada para dirigir el país por si algo le sucede al Presidente, sino más bien implica elegir a una persona que capte votos y equilibre al candidato principal, con cierto liderazgo pero sin incomodar a la Presidencia.


En relación al segundo aspecto, vale indicar que los sistemas de gobierno, sobre todo el presidencialista, tienen como elemento esencial el determinar la sucesión respectiva en dado caso acontezca algo que provoque un vacío de poder abrupto, lo que es fundamental para no quedar con un gobierno acéfalo, así como para buscar una continuidad automática y previsible en el ejercicio del poder, ya que pudiera ponerse en grave peligro la estabilidad de cualquier Estado si no se resuelve el tema prontamente, tal como lo define el autor Juan Linz.


La historia constitucional de Guatemala ha marcado varias formas de sucesión presidencial. En la Constitución de 1945 se establecía que ante la falta absoluta del Presidente, tomarían posesión inmediata: el Presidente del Congreso, quien si no cumplía con los requisitos sería sustituido por los Vicepresidentes del mismo y si estos a su vez tampoco cumplieran los requisitos, ejercería el cargo el Presidente del Organismo Judicial. La Constitución de 1956 tampoco contemplaba un Vicepresidente, refería a las figuras de “primer designado” y “segundo designado”. Es hasta la Constitución de 1965 que se crea la figura de la Vicepresidencia y se le vincula a la elección del Presidente de la República, de tal cuenta que debía realizarse en forma conjunta.


La Constitución vigente establece un apartado especial para la Vicepresidencia de la República y conceptualiza a la misma junto con la Presidencia de manera que son inherentes, ambos, en su existencia. A partir de la forma de elección, queda en evidencia que el Presidente y Vicepresidente comparten la legitimidad democrática y por lo tanto política, a pesar de que administrativamente exista superioridad jerárquica, según lo establece el artículo 190 constitucional.


Es imperativo indicar que, posiblemente la razón aparente más sólida para la existencia de la figura Vicepresidencial, realmente no lo es tanto. La sucesión del poder puede tener muchas fórmulas y todas ser eficientes en el marco de evitar poner en jaque la estabilidad del gobierno y el poder político.


Tampoco la protección en la continuidad de un proyecto político pareciera ser determinante. Un ejemplo claro de los cambios abruptos que pueden tener las políticas de un Vicepresidente que asume la Presidencia se encuentra en Estados Unidos entre el Presidente Franklin D. Roosevelt y el Vicepresidente Harry S. Truman. Algunos historiadores describen que Roosevelt, en la Segunda Guerra Mundial, nunca tuvo intención de usar la bomba atómica y que la estrategia de aislar a Japón iba a rendir frutos para su rendición. Al tomar la presidencia Truman, el cual hablaba muy poco con Roosevelt, se entera de la existencia del “Proyecto Manhattan” y con el consejo de sus asesores más cercanos motivados por el miedo a las consecuencias políticas de no hacer nada, además de saberse sin el liderazgo de Roosevelt, decide ordenar utilizar la bomba atómica, concretamente en Hiroshima y Nagasaki. Un cambio más que relevante en la historia.


Vale mencionar situaciones excepcionales con el tema de la legitimación de la sucesión presidencial, como lo es el recordado caso de la renuncia, en un inicio de la Vicepresidenta y posteriormente del Presidente, ambos en 2015. En esa situación asume primero la Vicepresidencia Alejandro Maldonado Aguirre, electo por el Congreso de la República de una terna propuesta por el Presidente (artículo 192 constitucional). A la postre, asumiría la Presidencia de la República Maldonado Aguirre, sin haber sido electo, sino por la vía constitucional de la designación del Congreso de la República. En este caso, lo menos pretendido era la continuación de un proyecto político acusado de niveles de corrupción sin precedentes.


En relación al último aspecto al que se hará referencia, sobre las atribuciones y posibles conflictos, es importante destacar que el artículo 191 constitucional regula las funciones de la Vicepresidencia, todas -a priori- de suma importancia, entre las que se destacan: “c) Coadyuvar, con el Presidente de la República, en la dirección de la política general del Gobierno… g) Coordinar la labor de los ministros de Estado…”.


Lo anterior confirma que, al menos en teoría, la Constitución otorga un papel preponderante a la Vicepresidencia, y la misma debiera tener una participación trascendental junto con el Presidente. Además, comparte responsabilidad política con el mismo, tal como lo afirma la Corte de Constitucionalidad en el expediente 225-93 (Autogolpe de Serrano). También tiene asignado, de acuerdo a la ley, coordinar ciertos gabinetes específicos, consejos, comisiones y cuenta con varias dependencias adscritas. Las preguntas son: ¿Cumple esa función relevante la Vicepresidencia de coadyuvar al Presidente? ¿Es necesario que coadyuve?


Para concluir se deben destacar algunos casos interesantes de conflictos entre el Presidente y Vicepresidente en la historia de Guatemala: a) Clemente Marroquín Rojas (Presidencia de Méndez Montenegro, 1966-1970) denunció públicamente supuestos acuerdos del Presidente con el alto mando del ejército para poder gobernar, conocidos como “El Pacto Secreto con el Ejército”, lo cual generaría diversos enfrentamientos entre el binomio presidencial; b) Francisco Villagrán Kramer (Presidencia de Romeo Lucas García, 1978-1982), confiado en poder realizar una actividad moderadora frente a Lucas en el ejercicio de la Presidencia, dimitió al cargo luego de haber roto relaciones con él ante ciertas acciones del gobierno con las que no estaba de acuerdo, salió a Estados Unidos con la excusa de un tratamiento de salud y desde aquél país envió su carta de renuncia; y c) Rafael Espada (Presidencia de Álvaro Colom, 2008-2012), un caso con implicaciones jurídicas más que políticas, el voto razonado de Espada para la no aprobación del proyecto del Transurbano le significó no ser acusado penalmente por el Ministerio Público. Vale acotar que Espada expresó que Colom siempre respetó su independencia como Vicepresidente, aunque llama la atención que, a pesar de haber advertido los vicios y dudas del proyecto, no tenía herramientas legales para detener el mismo.


De la integralidad del análisis anterior se concluye que: a) No se sustenta la figura Vicepresidencial por el simple hecho de asegurar la legitimidad en la sucesión del poder, hay varias fórmulas menos onerosas con los recursos públicos; b) La Vicepresidencia requiere de una regulación profunda dentro de la Ley del Organismo Ejecutivo para que desarrolle con claridad los mandatos constitucionales y realmente coadyuve al Presidente en la dirección del gobierno; y c) El impacto político de señalar los errores del Presidente es contraproducente, porque legalmente no hay herramientas que le asistan para corregirlos, es decir que, o debe renunciar porque no está de acuerdo o se mantiene en el cargo dilapidando la credibilidad de la Vicepresidencia.


Se deben analizar cambios profundos a la figura Vicepresidencial. Su objetivo debiera ser, además de dinamizar el poder y coadyuvar al Presidente en el manejo de los asuntos que les competen, ser el primer contrapeso del mismo, para lo cual se deben proponer reformas que doten al Vicepresidente con mecanismos legales que le permitan corregir los vicios que advierta en la dirección del gobierno.


Si no se discuten, analizan y corrigen ciertos aspectos que rodean a la Vicepresidencia, ¿se seguirá dilapidando el erario sosteniendo dicha figura? En fin, lo relevante de ser irrelevante.




(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor)

57 views0 comments